Preparar una buena masa de pizza casera requiere cuidar detalles como la calidad de la harina, el tiempo de fermentación y el amasado. Siguiendo algunos trucos básicos es posible conseguir una masa crujiente por fuera y esponjosa por dentro.

A todo el mundo le encanta la pizza. Carbonara, margarita, cuatro quesos… Son infinitas las variedades de pizza que se pueden crear, en función de los ingredientes que elijamos poner sobre la base. Pero no hay duda de que, para que una pizza resulte realmente irresistible, es fundamental una buena masa. ¿Te apetece preparar una deliciosa masa de pizza casera? Toma nota de estos consejos para que quede perfecta.

La harina

Es una máxima en la cocina: para obtener el mejor sabor, necesitamos los mejores ingredientes. Por eso, la elección de la harina que emplees para tu masa de pizza casera no debe ser nunca casual. Opta siempre por harina de fuerza, que es ideal para panes y masas de pizza, ya que proporciona una mayor elasticidad y tarda menos tiempo en levantarse.

El secreto de la masa de pizza casera: el tiempo

Lo más importante que debes saber a la hora de hacer tu propia masa de pizza casera es que necesitarás ser paciente y planear esta comida con suficiente tiempo de antelación. Por lo general, es aconsejable preparar la masa de pizza al menos 12 horas antes de comerla. Esto hará que la masa fermente correctamente y duplique su tamaño. Sin embargo, cuanto más tiempo la dejemos reposar, mejor saldrá la masa, por lo que puedes dejarla hasta 24 horas. ¡Notarás la diferencia!

Elasticidad

¿Quieres conseguir una masa de pizza casera mucho más elástica? El truco para lograrlo está en incorporar un poco más de aceite de oliva. Lo ideal es comprobar cómo se estira y, en función de si le falta o no elasticidad, ir incorporando un poco más de aove. En cambio, si te gusta la masa más apelmazada (estilo argentino), en lugar de añadir más aceite de oliva, deberás agregar un poco más de harina.

La temperatura

Para que tu masa de pizza fermente de forma correcta, la temperatura ambiente debe oscilar entre los 20 y los 28 grados centígrados. Si la temperatura en casa es inferior, te recomendamos el siguiente truco: enciende el horno durante 5 o 10 minutos a 50 grados, lo apagues y, pasados otros 5 minutos, pongas la masa a fermentar en su interior.

Trabajar la masa

Una vez que la masa haya subido, es el momento de trabajarla. Es recomendable limpiar bien y enharinar la superficie sobre la que se va a extender. Si la masa resulta demasiado pegajosa en los dedos, puedes engrasarlos con aceite, en lugar de con harina. Sin embargo, en esto lo mejor es que vayas probando hasta encontrar la solución que te resulte más cómoda.

El horneado

Supongamos que, como la gran mayoría de los mortales, no dispones de un horno de leña en casa. Lo más recomendable en ese caso es hornear la masa de pizza casera sobre la placa (en lugar de en la rejilla). Y si tienes una piedra para el horno, el resultado será aún mejor. Coloca la bandeja en la parte baja del horno y así lograrás que toda la base de la pizza se cocine de manera uniforme.

Ahora que ya sabes todos los secretos para elaborar una exquisita masa de pizza casera, ¿a qué esperas para prepararla? No olvides que, una vez estirada, puedes congelar tu base de pizza para usarla en otra ocasión.

La masa de pizza debe fermentar normalmente entre 1 y 2 horas a temperatura ambiente, hasta que aumente su volumen. Para mejorar la textura y el sabor, también se puede dejar fermentar en el frigorífico entre 12 y 24 horas, lo que permite una fermentación más lenta y una masa más digestiva y aromática.

Si la masa de pizza no sube puede deberse a varios factores, como utilizar levadura en mal estado, agua demasiado fría o demasiado caliente, o no respetar el tiempo de fermentación necesario. También puede influir un exceso de sal o una temperatura ambiente demasiado baja. Para conseguir una buena fermentación, es importante usar levadura activa y dejar reposar la masa en un lugar templado.

Para hacer masa de pizza se recomienda utilizar harina de fuerza o harina específica para pizza, ya que contiene mayor cantidad de gluten. Este tipo de harina permite obtener una masa más elástica, fácil de trabajar y con mejor textura tras el horneado. El resultado es una pizza más esponjosa por dentro y ligeramente crujiente por fuera.

Sí, la masa de pizza se puede congelar sin problema. Lo recomendable es congelarla después del primer levado, formando una bola y guardándola en un recipiente hermético o bolsa apta para congelación. Para utilizarla, basta con descongelarla lentamente en el frigorífico y dejarla reposar a temperatura ambiente antes de estirarla. De este modo se conserva su textura y calidad.

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